domingo, 4 de enero de 2015

Pulso, silencio.

Sala de la casa de la familia en cuestión. Padre está sentado con un periódico a la mano. La tv está encendida, con silenciador encendido, pese a que nadie la mira. La radio también está prendida y se escuchan canciones antiguas. Hijo entra a la sala. Se detiene justo detrás de padre. Hace el gesto de querer hablarle pero no se atreve. Va hacia la puerta con un ademán que va a salir. Hijo vuelve y llama a padre.


Hijo: papá, soy gay.
Papá está leyendo el diario mientras escucha en la radio canciones de los 80's. Parece que no lo escucha.
Hijo: papá, soy gay.
Papá: (mientras lee) yo también.
Hijo: ¿papá, me puedes escuchar?
Papá: eso hago.
Hijo: pero poner atención 
Papá: entonces di algo que me interese.
Hijo: esto es imposible. No debí haberle hecho caso a mi maestra. Esto no nos lleva a ningún sitio.
Papá: a mi me hace gracia. Es divertido.

Hijo se enfurece pero papá ni se inmuta. Llega mamá del centro comercial.

Mamá: ay, mis dos amores están conversando. (Demasiado feliz) ¿De qué? ¿De la vida? Ay eso me encanta. Bueno voy a dejar estas cositas en mi cuarto.

Lleva las bolsas grandes.

Hijo: ya terminamos.
Papá: espera, dijiste que eres gay?
Hijo: ya es tarde, papá.
Papá: dijiste o no que eres gay?
Hijo: ya no interesa.
Papá: carajo.
Hijo: soy gay ¿y qué? Dijiste que no te interesaba.
Papá: mi hijo un marica. Puta madre.Aparece la madre.
Mamá: ¿ya le contaste que tienes novia? Hijo, debes ser muy honesto con tu padre porque así te dirá que no debes hacer para echar a perder a tu enamoradita.
Hijo: mamá no tengo flaca. Y no estamos hablando de eso.
Papá: tu hijo es un marica.
Mamá: ay, por diosito. No digas esas cosas, amor. Pero que ocurrencia. Ya tiene su primera pelea con su enamoradita y le está pidiendo consejos a su papi. (Le coge los cachetes a su hijo) pero que cosita más bonita. 
Papá: me importa un carajo tu vida.
Hijo: no tienes que decirlo, porque ya lo sé. 
Mamá: ya basta. Mis dos cositas de goma no pueden estar peleando. Voy a la cocina a preparar su plato preferido. 
Hijo: mamá, hoy no por favor. No tengo ganas de plátano y huevos.
Papá: ¿ves? de tanto plátano y huevo que le das ya lo volviste maricón.
Hijo: deja de hablar estupideces.
Mamá: entonces freiré unos chorizos para todos.
Papá: y dale con la burra al trigo. Aunque claro a tu hijo le va a encantar ese plato.
Hijo: (incómodo) Me largo.
Mamá: hijito pero traes a tu enamoradita para que pruebe la especialidad de nuestra casa.
Hijo: jamás traeré a alguien a que pruebe eso.
Mamá: pero hijo, tus enamoradas van a tener que probar todo porque somos una familia bonita, (al marido) ¿no corazón?

Papá está algo incómodo con la situación y no quiere hacer sentir mal a mamá. Cambia de humor de repente

Papá: es verdad, hijo. No queremos hace ningún desaire a nuestras visitas.
Hijo enfurecido pero con un tono de lastima y con rabia a punto de explotar.
Hijo: ¿un desaire? Que sabes tú de moralidad? Qué sabes tú de desaires o de hacer lo correcto. Si cuando tu único hijo coge sus huevos se lo pone bien ahí debajo del obligo y decide con la mayor pena del mundo, pero decidido a enfrentar sus miedos(sube el tono de su voz) a confiar en papá, aquel papá que de niño lo cargaba en sus hombros y lo llevaba al estadio y gritaban lisuras y groserías. A poner su amor y todo sus sentimientos a carne viva frente a la persona que él respeta más en este mundo. Y este lo recibe con un puñete del tamaño del odio que hay en su corazón, derribándole y dejándole sin palabras de aliento sin moral y con las ganas de no seguir siendo un maricón por un puto día de su vida para complacerte a ti y a mamá. Termina gritando y llorando.
(Más calmado) papá, soy tu hijo, no me reconoces? No soy un extraño mi el maricón que se para en una esquina con una cartera. Sigo siendo el pequeño con el que jugabas y le decías que será un gran hombre el mejor que hayas conocido. Ese soy yo. Porque todos los días pienso en ser una gran persona para ti, para ser feliz.

Papá está mirando a hijo. Luce triste algo desencajado.

Papá: hijo, no te vayas. Lo siento. La noticia me ha conmocionado un poco. Tú eres mi único hijo. No supe como reaccionar a la noticia. Cuando te tuve en mis manos y tus ojitos cerrados pedían alguien que lo proteja. Me sentí el ser humano más feliz de este planeta. Tus manos apretaban mi dedo meñique y yo no paraba de llorar.

Hijo mira a padre por unos segundos y camina hacia la puerta. 
Padre mira fijamente a hijo mientras madre no sabe a quien mirar.
Hijo coge y saca algo de su bolsillo, no se distingue pero luce como una pistola. Se la pone en la cien.

Hijo: siempre seré tu gran varón.

Pero un segundo antes de que hijo se dispare se escucha un disparo. Madre cae al piso. Padre se desespera. Corre hacia madre.

Madre: perdóneme por no haber cumplido la promesa que te hice en el altar de tener una gran familia.

Madre deja de respirar. Padre voltea la mirada hacia hijo.

Padre: baja la pistola, hijo. Todo se va a solucionar. No quiero perder a la única familia que me queda. Se apagan las luces y cuando está todo oscuro se escucha un disparo.

Padre está parado frente al público. Hay sangre en su cabeza y cuerpo. Sólo hay una luz que alumbra desde arriba hacia él.
Padre: no puedo perder a mi familia. No ahora. Ni nunca. No pude hacer nada más que disparar y vivir en el recuerdo e ir junto a mi esposa.
Madre: quise ser el alma de la familia, nada sucedió como siempre sucedía, mis alegrías eran sus penas y así la familia se estaba matando poco a poco, como si una bala se acercaba a la cien de la familia cada vez más y más.
Hijo: pensé que lo peor era darme un tiro, aunque siempre quise nunca tuve los huevos, porque se me fueron al intentar hablarle a mi padre. El dolor más profundo no es matarse, es no tener a nadie en quien poner tu cabeza y escuchar que todo estará bien. Que no hace falta ser lo que pretenden que seas sino que seas lo que quieres ser para ser feliz.

Sólo están alumbrado de arriba hacia abajo las tres personas mientras se van. Apagando lentamente.

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