Sí, mis lánguidos pasos vuelven al vaivén de tu mirar.
Sí, mis ojos dolidos vuelven a tu pundonor.
Sí, mis labios rasgados vuelven al beso de tu mirada.
Sí, quiero que tu mano suave como el algodón y hermosa como la aurora se inmersa en el bolsillo trasero de mi pantalón y apriete con fuerza, con amor, con coraje también y con autoridad como símbolo de que te pertenezco, sólo a ti y a nadie más. No me pertenezco ni siquiera un poco a mí, sólo a ti.
Sí quiero que tu rostro y el mío se acerquen al máximo, que tu piel roce la mía, que sea tan suave y despacio el contacto que cuando abramos los ojos nos veamos reflejados en las pupilas de cada uno y mientras esto sucede darnos cuenta que nos besamos como nunca antes lo hicimos.
Sí, quiero mirarte nuevamente a los ojos y decirte lo mucho que te quiero, lo mucho que he callado, pero sé que me acobardaré una vez más y no diré nada porque es lo mejor que sé hacer. Me mirarás y sonreirás, voltearas la mirada y te irás lejos del alcance de mi vista y de mis latidos, lejos, allá donde el viento acaricia tu bello rostro, allá donde mis pensamientos y ojos no pueden ad-mirarte.
Sí, me muero por tomarte de la cintura mientras colocas tu mano en mi bolsillo trasero.
Sí, me muero por decirte tantas mentiras como que bonito día es hoy, como lo bien que la paso siendo tu amigo. Pierdo la paciencia por decirte que no quiero ser tu amigo, la pierdo también por darte un beso antes que puedas siquiera verme a los ojos por primera vez. Luego encuentro esa paciencia perdida en mi soledad y el silencio y hacen que todo siga igual, yo tu amigo y tú mi mentira por siempre.
Sí, sólo quiero verte, sólo eso.
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